PARTE FINAL DE GINA Y SU PRIMERA VEZ EN UN CLUB LIBERAL.
Así que cogí a María de una mano y abrí la puerta de la discoteca con la otra de par en par, haciendo que las puertas dieran un golpe anunciando nuestra presencia y entramos como dos diosas en el Olimpo de los mortales, obligándoles a hacernos un pasillo triunfal hasta llegar a la altura de Amanda, que nos esperaba sonriendo mientras nos tendía una mano para que subiéramos allí arriba con ella. Nuestras caderas se movían al ritmo sensual de la música. Empezamos una coreografía de provocación para todos esos mortales que se deleitaban mirando cada movimiento, cada mirada que iba directa a sus fantasías más lascivas. Y ahí estaban nuestros chicos, entre toda esa gente hambrienta de deseo. Clavé mi mirada hacia ellos, quise hechizarlos para atraerlos hacia nosotras, que disfrutaran del espectáculo que estábamos ofreciendo, que lo sintieran suyo y para ellos. Esa noche éramos sus Diosas y de nadie más. Pero he de decir, que sentir todas esas miradas deseándonos, me hacía estremecer de plac...