Gina y su primera vez en un club Swinger.

Parte 2:

Dejamos atrás las escaleras. Todas esas miradas que nos recorrieron con cada paso que dábamos y con cada contoneo de nuestras caderas, nos hicieron sentir únicas y especiales.

Llegamos otra vez al vestíbulo desde donde debíamos de ir hacia el exterior, adonde se encontraba la discoteca y esperaban ellos tres. Pero algo llamó mi atención antes de abrir la puerta que daba al jardín…

Se trataba de un pasillo largo y estrecho, por lo que pude deducir en su total oscuridad. Tan solo pude ver una sucesión de puntos de luz que, deduje, eran agujeros en la pared. Al final del pasillo, como buscando intimidad, había un par de chicos, o quizás más, los cuales pude ver que habían introducido sus pollas en esos agujeros, y por el movimiento de las luces y sombras en los agujeros, alguien les estaba proporcionando placer, a saber, con qué parte de su cuerpo desde el otro lado.

Jamás había visto algo semejante, fue tal el subidón de mi excitada curiosidad por estar al otro lado, que cogí el brazo de María y busqué la entrada de la habitación donde se ofrecía tales manjares en plena erección.

–¿Nena, has visto eso?

–El que?

–Esto! –le dije mientras le ensañaba el pasillo oscuro –.

–Qué hacen ahí?

–Pues he deducido que meten su polla en el agujero y alguien al otro lado hace con ella lo que le viene en gana. –le dije toda emocionada. Quería compartir con ella la excitación que me provocaba ese descubrimiento –.

–Quieres que entremos? –me soltó María con cara de perversión –

–La curiosidad perversa que tengo ahora mismo me dice que si, y la deseo compartir contigo.

Entramos sigilosamente y ante nosotras pudimos ver tres sombras, una de ellas gozando de un miembro hermosamente erecto y las otras dos saboreando, llenándose hambrientas la boca, obsequiando al privilegiado del otro lado del agujero, con tal placer y agilidad con sus lenguas.

No nos pudimos resistir a la tentación de arrodillarnos ante una polla perfectamente erecta que vimos, ambas frente a ella, una a cada lado. 

Y no lo dudé, la agarré fuerte. Sentirla tan dura entre mis manos me puso muy muy cachonda e invité a Maria a jugar con ella también. Ella no dudó de sustituir mi mano mientras yo me introducía la punta en mi boca y empezaba a jugar con mi lengua dando círculos de placer con ella. Maria no dejaba de agitarla con ritmo. Sin soltar esa apetecible polla, unió su lengua con la mía y así empezó una lucha de lenguas y deseos, besos y labios lamiendo ansiosas ese miembro que pusimos a punto de estallar de placer. 

Y no tardó mucho en correrse. Nos salpicó en toda la cara, más a mi que a ella, que se quedó la mano llena del caliente placer de ese miembro desconocido.

La experiencia fue memorable. La excitación de lo anónimo, el no saber como o quien esta al otro lado del agujero, fue lo qué me empujó a desear entrar ahí dentro y llenarme de toda sensación con todas esas sensaciones.

Nos limpiamos la cara y las manos con papel que vimos en un dispensador en la pared, y salimos de esa sala.

Pude ver la expresión de la cara de María, con sus ojos brillando, aún excitada por la experiencia. Intuyo que ella sabe que yo estoy igual. Lo cachondas que estamos va en aumento, cada paso que damos en este lugar nos acerca a fantasías que jamás se nos habían pasado por la mente, y nuestro deseo e inquietud de probarlo todo nos lleva a intentar realizar todas las que se nos ofrezcan.

 

Una puerta nos invitaba al exterior de la finca. Nada más salir vimos pequeños grupos de gente sentados en una zona de chill out donde se reían, charlaban y bebían a la vez que se provocaban todos con la mirada y hasta con sus propios cuerpos. Danzaban el baile de la seducción en grupo o en parejas. No hay lugar para los celos, ni para la envidia, aquí se viene a disfrutar sin limites. Y con esa actitud disfrutaban de la noche toda esa gente sensualmente vestida para la provocación del deseo a los ojos ajenos.

La piscina iluminada nos impresionó de tal manera que nos hizo acercar más a ella para descubrir sus espacios. Un par de sunbeds a su alrededor lo suficientemente amplios, y en uno de ellos aguardaba cuatro personas ellas practicando sexo oral a los chicos con una pasión y deseo desenfrenada, que se acentuó, aún más si cabe, al acercarnos nosotras mirar.

En el agua varias parejas bañadas en lujuria. Unas follando, otras sentadas en el borde de la piscina con todo el sexo entregado a una lengua hambrienta, daba igual de quien fuera, y las demás simplemente disfrutándose a besos con lengua.

Acristalada la discoteca, se podía ver desde fuera la gente bailando y luciendo lencería, provocando deseo en cada agitar de cadera. Parecía el mismísimo Olimpo lleno de Diosas empoderadas por su lencería y de Dioses sin camiseta luciendo sus dotes sin manías ni complejos. No hay lugar para los complejos si lo que te provoca excitación es el deseo de otro cuerpo con los mismos intereses, llenarte de placeres sin límites.

Y ahí, subida en una tarima con barra de pooldance, estaba Amanda, con un séquito de babeadores a sus pies, a los que alimentaba con el movimiento sensual de sus caderas, y paseando su contorneado trasero por los hocicos de sus hambrientos admiradores.

Victor y Alex observaban tal espectáculo desde la barra del bar. Alex parecía disfrutar y hasta excitarse con de la situación en la que estaba su deliciosa mujer, viendo como era deseada por media discoteca. Victor simplemente observaba y se deleitaba de deseo por cada cuerpo que pasaba en lencería frente a él. 

De repente giró la mirada y nos vio tras el cristal observando con sorpresa por lo que estábamos viendo ahí dentro, danzas de seducción masiva.

Nuestras miradas se cruzaron un instante, y sin necesidad de decirnos nada supe que me deseaba ver ahí dentro formando parte de ese juego de seducción, provocación y deseo sin límite.


to be continued...

 

 

 

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