Era la primera vez que quedábamos, solo nos conocíamos de charlar por redes sociales, pero ya había despertado en mi un interés por ella un tanto especial, conectábamos en cada palabra, hasta me hacia vibrar en ocasiones. Después de unos meses de charlas rutinarias, nos entró la curiosidad de conocernos en persona para confirmar lo que sentíamos al chatear, simplemente ponerle voz a todos esos deseos escritos y promesas al aire.
Quedamos en el centro de la ciudad, sobre las 17h, en la puerta principal de unos grandes almacenes, sitio en el que me sería fácil reconocer a Gina entre la multitud.
Y de entre la multitud, la reconocí, con su cabello corto rizado, de exuberantes curvas que sabia muy bien contonearlas al ritmo de unos vertiginosos salones anudados a sus finos tobillos.
Cuando la tuve a centímetros parecía como si la conociese de toda la vida, nos fundimos en un abrazo con el que pude intuir la explosión de sensaciones que esa mujer iba a provocar en mi con tan solo unas horas de estar junto a ella.Nos pusimos de acuerdo en ir de tiendas, los escaparates estaban llenos de ropa de verano y no nos pudimos resistir en entrar en una tienda.
Andaba deambulando por la tienda escogiendo prendas y a la vez levantado la mirada para buscarla a ella, hasta coincidir con su mirada picara, nos buscábamos con la mirada por toda la tienda, aumentando el deseo por ella y por la intensidad de su mirada pude intuir el suyo también.
Con las manos llenas de ropa fuimos a los probadores, nos pusimos una al lado de la otra. Se probó un vestido con cremallera trasera, y me pidió ayuda –Neus, no puedo con esta cremallera, se me resiste, échame una mano anda, ven– y traspasé la cortina que aguardaba sus curvas vestidas de un vestido rojo fluido, corto y de escote generoso. La cremallera desabrochada me dejaba entrever su ropa interior diminuta de color carmín, y esa imagen tan erótica de Gina me hizo acelerar aún más el deseo por recorrerla entera.
No pude resistir a acariciar antes su piel de la espalda con mis yemas de los dedos y noté como se le erizaba cada cm de su ser, se giró, me miró con la provocación de sus ojos, y me agarro de mis mejillas acercando mis labios a los suyos para fundirnos y entrelazarnos en un beso lleno de pasión desenfrenada, nuestras manos empezaron una danza de caricias por todos nuestros cuerpos a medio desvestir, que poco a poco iríamos desnudando con la desesperación de sentirnos piel con piel para disfrutarnos en riguroso silencio. No estábamos solas, en los probadores de al lado había más chicas probando, esa situación nos excitaba mucho más, y nuestras caricias empezaron a ser más ambiciosas buscando nuestro placer.
Introduje mi mano bajo su ropa interior, la humedad era exageradamente apetecible, le quité ese tanga que oprimía a mi ansiada hambre por devorar su sexo palpitante y besé sus labios, lamí cada rincón de su sexo saboreando sus fluidos provocados por mi, sabia que me deseaba, justamente en el punto en el que me encontraba, con ritmo intermitente, con intensidad adecuada y sin tregua alguna. No paré, no podía, la deseaba en cada gemido provocado por mi lengua que no se cansaba de lamer, de mis manos de introducirlas y sacar de su sexo con ritmo, hasta que estalló en éxtasis, los fluidos caían de mis labios y se deslizaban por su entrepierna como ríos de lava ardiente, ella mi volcán de sensaciones,
jamás una mujer me ha hecho sentir tanto deseo, con tan solo verla unos minutos.
La besé en los labios, con la pasión de quien sabe que esa podía ser la ultima vez que nos veríamos, que la disfrutaría. Le bese con mimo sus redondos pechos y los volví a cubrir con su sujetador, me arrodille ante ella para vestir otra vez con el tanga carmín, su sexo, aún mojado por la explosión desenfrenada que acababa de experimentar.
Nos acabamos de vestir cada una en su probador, relamiendo el recuerdo de hace unos minutos, de nuestros cuerpos disfrutándonos sin control. Primero salí yo, luego ella, y su mirada delataba el deseo que hacia unos minutos sintió por cada caricia de mi cuerpo, pero el momento de despedirse llegó como jarrón de agua fría, y la incertidumbre de si esa cita iba a ser la primera y ultima.

Un placer leerte me encanta cómo escr9
ResponEliminaSensualidad y erotismo, atrapas en las letras
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