Gina se relaja en su dormitorio
Como todos los viernes, me dispongo a celebrar el fin de semana pidiéndome comida rápida a domicilio.
Llego cansada de la oficina, y en lo primero que pienso es en deshacerme de toda la ropa que me envuelve. Me desvisto lentamente, primero los zapatos, luego las medias que quito rozando la fina piel de mis muslos, provocando que se me erice la piel en cada roce. Sigo desabrochándome la cremallera de mi falda, para dejarla caer ante mis pies, la blusa blanca es la siguiente en desabotonar para dejar paso a mi delicada y estudiada lencería, que todas las mañanas escojo con delicado esmero, para evitar trasparencias inesperadas.
Me gusta desmaquillarme en lencería, frente al espejo, así mientras quito el maquillaje, observo con lascivia cada centímetro de mi cuerpo, admiro cada una de mis imperfecciones, adorando mis cicatrices y poco a poco voy dejando a Gina al natural, como aprendí a quererme, simple y sin aditamentos, y así me amo y me quiero, imperfecta Gina, con sus armas de seducción masiva.
Ya desmaquillada, me dispongo a quitar el resto de lencería para ponerme el pijama, no sin antes, observar por la ventana de mi dormitorio, que mi vecino Erick esta mirándome desde su ventana, y que no me cabe duda, de que no se ha perdido ni un detalle de como me he ido desprendiendo de mi ropa poco a poco, saboreando cada curva de mi cuerpo que dejaba al descubierto, y por los ojos en que me mira, puedo adivinar, que su mirada, ha acompañado cada uno de mis movimientos, provocándole un inevitable bulto en sus pantalones.
Le miro, con la mirada más provocadora de que dispongo, y tiro de mi tanga, como invitándole a que siga disfrutando del espectáculo que le sigo brindando, y no dudo en ir bajando al mismo ritmo que el resto de mi ropa, lento, pero sin pausa, sin quitarle ojo a ese Dios griego que me mira con tanto deseo, y sigo quitándolo, y cuando cae ante mis pies, lo cojo y me lo dejo colgando de mi boca, y puedo sentir de repente que mi boca se llena de mi olor, de mi esencia. Paso mi mano levemente por mi sexo, notando lo evidente de la situación, me estaba humedeciendo por momentos, y es que tener sus ojos clavados en mi, es como sentir sus manos recorriéndome cada curva de mi ardiente cuerpo, que solo arde por él, por saberle duro por mi, deseoso por tocarme y disfrutarme.
Seguí por los tirantes de mi sujetador sin bajar la mirada y mordiéndome el labio constantemente por tanto deseo que estaba provocándome el tenerle así, él ahí, yo aquí, pudiendo estar piel con piel, pero la situación se nos brindo así, y ahora ambos disfrutábamos del momento, y yo dejo que él siga disfrutando de mi y sigo con el siguiente tirante, dejando la mitad de mis pechos al descubierto.
Continuo por desabrocharlo y dejarlo caer al suelo, ahora estoy frente la ventana, completamente desnuda, mirándole con anhelo, deseando que mis manos –que no dejan de acariciar cada curva de mis pechos, y de darme pequeños pellizcos en mis pezones, que los hacen endurecer– sean las suyas y no dejen ni un centímetro por recorrer.
Observo que se acaricia por encima del pantalón, sus movimientos son rítmicos y sin pausa, y a la vez va provocándome, lamiéndose el labio superior.
Mi respuesta a tal escena es girarme y darle una visión de todo mi cuerpo, de 180 grados, dejando mi espalda y mi trasero a la merced de su mirada lasciva, que no tarda en reaccionar bajándose los pantalones para dejarme entre ver lo evidente, un hermoso miembro erecto, y por mi, por lo qué mi cuerpo ha provocado en él.
Deseo a ese Dios erecto dentro de mi. Le miro lo inevitable mientras me muerdo con más ganas el labio, y con un gesto con mi dedo le hago señal de que deseo que venga hacia mi y me haga suya, se adueñe de mi deseo, que solo será saciado con su ardiente cuerpo piel con piel con el mío.
Le veo levantarse con una sonrisa picara entre sus labios, como sabiendo lo que va a suceder en un momento u otro. Sin quitarme ojo de encima, se pone una camiseta cubriendo su perfecto torso, y desaparece, fugaz, de mi campo de visión, y en ese preciso momento soy consciente de lo que va a ocurrir a continuación.
No tarda en sonar el timbre, y yo no me lo pienso ni una vez en abrirle la puerta al mismísimo diablo, que en cuanto abro la puerta, se lanza hacia mi, me coge entre sus brazos, y empieza a besarme e introducirme la lengua con un hambre feroz, que no dudo en saborearle entrelazando mi lengua con la suya, agarrándole fuerte de la cabeza, que con la pasión desenfrenada se me escapa, y le agarro más fuerte, y él me besa más profundo, como queriéndome robar hasta el alma.
Sus manos se cuelan desesperadas para agarrar con furia mis dos pechos, que devora, lame y muerde, hasta dejarme los pezones más duros que una piedra, y mi sexo hecho un océano de lujuria desenfrenada, deseoso de ser saciado.
No puedo evitar lamer cada centímetro de ese maravilloso y perfecto torso que tan excitada me tiene, hasta llegar a su apetecible erección, mi erección, que no tardo en saborear primero con mi lengua, la punta con mera delicadeza, para continuar chupando con mis labios, para luego engullirla entera a un buen ritmo, dejándola más erecta todavía y más húmeda y preparada para ser devorada por mis entrañas.
Erick me coge en brazos, con su cabeza entre mis pechos, y me deja en la encimera de la cocina con las piernas abierta, mi sexo resbalándole mares de deseo por ser empotrado por mi Dios griego.
La primera embestida es suave, notando su punta gruesa como se va adentrando en mi interior, robándome un gemido de un placer descomunal. Con la segunda embestida ya no tiene piedad ninguna y empieza a cogerle el ritmo y hasta el placer. Nuestros gemidos suenan al unísono, y su ritmo se acelera, sus entradas y salidas son más profundas, y me hacen enloquecer aún más.
Se agarra a mis dos pechos con sus manos para devorarlos con furia mientras sus embestidas no cesan, se intensifican, y yo no puedo más que recibirle abriéndome aún más de piernas, para que llene cada centímetro de mi ser hasta el final, hasta llegar al éxtasis, que no tarda a estallar junto a mi, a la vez, gritando nuestros nombres a todo pulmón, dejando parte de la encimera y el suelo mojado de placer, de mi placer, nuestro placer.
Apoya su cabeza en mi hombro, le puedo seguir notando dentro de mi, con su miembro aún erecto y palpitante, que descansa en mis entrañas, y yo no puedo más que acariciar su pelo, saboreando todo lo que acaba de suceder, y es que todo lo que me sucede con este chico, es tan intenso, que me tiene atrapada, tiene la facilidad de aparecer en el momento oportuno en el sitio adecuado.
Y mientras le veo traspasar la puerta y cerrarla tras de él, –no sin antes darle un beso de hasta pronto, – que ya estoy pensando en donde me va a sorprender la próxima vez, por que se que habrá muchas más, tenemos una conexión, de sexo desenfrenado inevitable e insaciable.

Gran Relato.
ResponElimina