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El chico del tren Como cada mañana, cojo el tren   de las 08:26 que va directo al centro de la ciudad. No va muy lleno, así que me puedo sentar la mayoría de las veces. Mi trayecto es un poco largo, de unos 30 minutos, y ese tiempo lo dedico a las redes sociales, veo, leo y si estoy atrevida, subo fotos. Y esta mañana me dio por subir una foto con mi vestido nuevo, me gusta como me queda ceñido en la curvatura de mi cintura y resalta mi pecho, su escote en V. El tren se detuvo en la estación más concurrida, donde sube y baja mucha gente, se sentó a mi lado derecho un chico y al otro un hombre que no tardó en sacar un libro de historia y el chico, su móvil. Después de deleitarme con las entradas y salidas de la gente, cuando ya todo el tren estaba en sus sitios escogidos, seguí con mi edición de la fotografía del vestido –me encanta la fotografía y la edición, y mi mirada y mi cuerpo ama el objetivo de una cámara, podría ser mi afición preferida, la fotografía, tanto ser la Musa com...
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El nuevo  vecino  de Gina Ya vuelve a haber un camión de mudanzas en frente de casa descargando media vida, en muebles y cajas de cartón. Vivo en una comunidad en la que el cambio de vecinos parece un deporte de moda, y es que hay vecinos que no duran ni un año y no llego apenas a mediar palabra con ninguno de ellos. Pero esta vez los vecinos, se mudaron al bloque de en frente dejándome disfrutar de unas vistas maravillosas de un chico  –de apenas unos 24 años– que andaba cargando cajas en tan solo unos jeans rotos ajustados y sin camiseta, dejando a relucir un torso de lo más trabajado. Cuando subí mi mirada para ver su cara, me sorprendieron unos ojos verdes clavados en mi y mi curiosidad por ese Dios griego que acababa de llegar del Olimpo, –Mierda me pilló babeándole fijo, que vergüenza–, me medio escondí, y por el rabillo del ojo vi que seguía mirando hacia mi ventana intentando descubrirme. Me armé de valor y salí de mi escondrijo –total ya me había pillado, era abs...
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Arma de seducción masiva   Podrás desprenderte de mi lencería, poco a poco, saborear cada detalle que ofrece mi piel desnuda. Podrás reseguir cada lunar, hasta llegar a zonas  en las que vas a perder el sentido. Pero jamás podrás desprenderte de mi mirada, que te desviste penetrante, el alma,  apenas sin tocarte. Solo soy una mujer inalcanzable, que no se la puede permitir cualquiera, requiere de mucha astucia,  poseer una mente intrigante, y saber cuidarme con detalles,  que sepan a poesía. Arma de seducción masiva, entre sábanas blancas atrincherada espero, a ese caballero que con su pluma verse cada curva de mi ansiado cuerpo.  
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Gina en el gimnasio   Me apunté al gimnasio después de las Navidades, tenía que quitarme como fuera todos esos kilos de más, que tampoco es que fueran muchos, más bien lo que tenia que quitarme eran todas esas manías de más, porque yo seguía rompiendo cuellos al pasar, levantaba pasiones a mi paso, y es que siempre he mantenido en mi, una actitud sensual y provocativa, y eso siempre me ha hecho llamar la atención de cualquier hombre sensible a tal provocación. Así que me enfundé en mis mallas, –con las que no podía disimular nada de mi figura, mis curvas en todo mi esplendor – mi camiseta escotada de tirantes, –que yo sin escote no se ir por la vida, amo mi escote – y me puse las bambas a juego con el atuendo para asistir a mi clase favorita de cardio full body, y allí estaba ella, como cada jueves, en primera línea. Me vio, me miró con provocación y se giró, como cada jueves, y yo me moría de curiosidad de porqué esa chica me miraba así siempre que me veía llegar a la clase, solo ...
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Probadores con Neus y Gina Era la primera vez que quedábamos, solo nos conocíamos de charlar por redes sociales, pero ya había despertado en mi un interés por ella un tanto especial, conectábamos en cada palabra, hasta me hacia vibrar en ocasiones. Después de unos meses de charlas rutinarias, nos entró la curiosidad de conocernos en persona para confirmar lo que sentíamos al chatear, simplemente ponerle voz a todos esos deseos escritos y promesas al aire. Quedamos en el centro de la ciudad, sobre las 17h, en la puerta principal de unos grandes almacenes, sitio en el que me sería fácil reconocer a Gina entre la multitud. Y de entre la multitud, la reconocí, con su cabello corto rizado, de exuberantes curvas que sabia muy bien contonearlas al ritmo de unos vertiginosos salones anudados a sus finos tobillos. Cuando la tuve a centímetros parecía como si la conociese de toda la vida, nos fundimos en un abrazo con el que pude intuir la explosión de sensaciones que esa mujer iba a provocar en...